18 de diciembre de 2007

¿NO VENÍAN DE ORIENTE?

Cuando todavía era una niña, empezó a no gustarme la Navidad, luego de mayor, puedo decir que sigue sin gustarme por otros motivos.

A los 8 años, recibí el mayor golpe que puede recibir una niña a esa edad, me entere que los Reyes Magos, no eran tan magos como yo pensaba.

Como podía ser eso verdad, si el año anterior con siete años, yo los vi con mis propios ojos desde el balcón de mi casa, los tres entraban en el portal y oí como se acercaban a la puerta para entrar a dejarme mi Nancy negra, digo oí, porque me fui corriendo a mi habitación, me metí en la cama, me tape (cabeza incluida) y me quede quieta, con los ojos cerrados y callada, con el corazón que se me iba a salir.

Me debí quedar dormida esperando que se fueran, porque no me desperté hasta la mañana siguiente y efectivamente mi Nancy estaba esperándome con su armario lleno de vestidos.

Les conté a mis padres mi maravillosa visión y por supuesto intentaron convencerme de que había sido un sueño, que los Reyes no se hacen visibles, que era imposible que un niño los viera.

Pero si no podía verlos, ¿por qué en la cabalgata los habíamos visto todos los niños, primero bajar del barco y luego en camello, paseando por las calles?.

Al darme cuenta de que no me creían y que era otra de mis fantasías, deje de hablar de ello, pero muy dentro de mí, estaba convencida de que los había visto, a los tres y andando, eso si era raro, que fueran caminando, pero como la calle donde vivía era estrecha, pues para eso también mi mente tenía respuesta, habían dejado los camellos aparcados en otra calle.

Mi afán todo el año siguiente fue esperar al 5 de enero para está vez pillarlos in fraganti y poder demostrar, no sabía de qué forma, que no lo había soñado.

Cuando faltaban tres días para el evento, por pura casualidad jugando me metí debajo de la cama de mis padres, y allí encontré un verdadero tesoro de juguetes.

Salí al salón, contentísima de lo que había encontrado, todavía sin caer en la cuenta de lo que significaba eso. Me lo tuvieron que decir, pero tarde mucho en asimilarlo, ¡¡¡NO PODÍA SER VERDAD!!!...

Tampoco me lo creí, que el 5 de enero, salí al balcón y por supuesto no vi a nadie, y al día siguiente, estaban los juguetes, pero exactamente los mismos que había visto debajo de la cama y además, no habían comido ni bebido nada, eso era imposible, y empecé a darme cuenta que mis padres tenían razón.

Creo que ese día empezó a no gustarme el espíritu de la Navidad.

En ese momento seguramente por unos juguetes, (creo que más que por eso, por la desilusión de creer tantos años en algo que realmente no existía), ahora no me gusta mucho por el mercadeo en que se ha convertido, y por muchas cosas más, pero si al menos sirve para encontrarnos con gente importante en nuestras vidas, pues solo por eso valdrá la pena que llegue Navidad.

2 comentarios :

enrique DICE

Todos tenemos historias bonitas sobre los reyes magos...
Yo estoy seguro de que los vistes...

Ana DICE

Pues no te lo vas a creer, pero a veces tengo esa imagen de cuando creí verlos, yo agachada en el suelo, asomada por los barrotes del balcón mirando para abajo. Un beso y Feliz Navidad.