27 de junio de 2011

ORIGEN DE LA BANCA



Las prácticas bancarias datan de las primeras civilizaciones. En Babilonia y Egipto existieron instituciones, generalmente templos, que recibían en depósito mercancías, sobretodo grano, que eran prestados en momentos de necesidad antes de las cosechas.

La aparición de la moneda fue un estímulo para estas operaciones, y los templos griegos (Delfos y Efesos) se convirtieron en depositarios de los ahorros de los comerciantes y de los esclavos. En Grecia actuaban los trapezíla que en principio se dedicaban al cambio de moneda y no tardaron en recibir depósitos con lo que poder realizar préstamos.

En Roma los argentarli tenían funciones parecidas a los trapezíla. Perfeccionaron la contabilidad y las técnicas bancarias y actuaron de contratistas del Estado. Con la invasión de los bárbaros que desmoronaron la economía del Imperio Romano la banca dejó de existir. A partir del siglo XII reaparecieron las actividades bancarias.

En las principales plazas comerciales surgieron los cambistas, generalmente judíos o italianos (lombardos) encargados del trueque de monedas. Los beneficios de estas operaciones permitieron la acumulación de capitales y el surgimiento de la banca. Al mismo tiempo los cambistas recibieron depósitos de comerciantes, lo que permitió dedicar una parte de los mismos al préstamo, tanto a monarcas como a particulares.

A partir del siglo XIII los cambistas fueron sustituidos por los orfebres en algunas localidades y en otras por comerciantes. En el siglo XIV la banca privada estaba consolidada en las ciudades italianas y en las mediterráneas españolas.

A finales de la Edad Media se generalizaron los bancos de depósito y los préstamos, y, sobre todo, con la letra de cambio y de feria fueron posibles las transferencias de débitos y haberes sin intervención de dinero.